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El interés por Hans Christian Andersen en los círculos musicales ha sido notable ya desde los tiempos del propio escritor. Él mismo colaboró estrechamente con los compositores daneses más relevantes del momento, y ya en 1829, es decir, a la edad de veinticuatro años, debutó como autor del vodevil Kærlighed paa Nicolai Taarn (Amor en la torre de San Nicolás), que sería la primera de la larga serie de obras dramático-musicales que saldrían de su mano. En 1832 comenzaron a aparecer los primeros trabajos de corte más serio, la pieza cantada (syngespil) Bruden fra Lammermoor (La novia de Lammermoor), con música de I. Bredal, y la ópera Ravnen (El cuervo), con música de J.P.E. Hartmann. A lo largo de los años siguientes, la colaboración con J.P.E. Hartmann resultó particularmente fructífera y dio lugar, por ejemplo, a la ópera Liden Kirsten (La pequeña Kirsten,1848), que hoy por hoy se considera una de las obras danesas más logradas y consistentes de ese período.
Andersen gozó de las mejores relaciones musicales también a nivel internacional, y tuvo contacto personal con Franz Liszt, Felix Mendelssohn-Bartholdy, Richard Wagner y Robert Schumann, entre otros este último compondría incluso la música para algunos poemas de Andersen; "Fünf Lieder" op. 40, obra dedicada a Andersen, incluye cuatro de sus poemas traducidos por Adalbert von Chamisso, autor del quinto poema, Verratene Liebe. Los textos de Andersen son: Märzveilchen (Violetas de marzo), Muttertraum (Dolor de madre), Der Soldat (El soldado) og Der Spielmann (El músico).
Tras la muerte de Andersen, en 1875, ha continuado habiendo gran interés por interpretar sus obras musicalmente. Como ya hemos dicho, en su juventud escribió algunos libretos de ópera y ballet, pero sus cuentos han sido la principal fuente de inspiración para las creaciones de los sucesivos compositores.
La primera composición inspirada en los cuentos de Andersen que se conoce es la obra programática Fire Eventyr af H.C. Andersen musikalsk skizzerede af Johan Ole Emil Hornemann (Cuatro cuentos de Andersen esbozados musicalmente por Johan Ole Emil Hornemann), estrenada en el TIVOLI en 1848, es decir, ya en vida de Andersen. La primera ocasión en que un cuento se adaptó para la escena llegó con la opereta de Johan Bartoldy Svinedrengen (El porquerizo), de 1886. En 1930 el escritor danés Gustav Hetsch en H.C. Andersen og Musiken (H.C. Andersen y la música, Copenhague 1930) contabilizó nada menos que veintinueve compositores nórdicos (veintidós de ellos daneses) que hasta la fecha habían compuesto música para, sobre o inspirada en Andersen, y un sinfín de nuevos autores se han sumado a ellos desde entonces. Entre los más conocidos cabe mencionar, por ejemplo, a August Enna (seis obras para la escena y una cantata), Fini Henriques, Gunnar Berg, Poul von Klenau, Håkon Børresen, Finn Høffding, Ib Nørholm, Sven Erik Werner y Fuzzy. Y eso reduciéndolo a unos pocos.
Los compositores extranjeros también han trabajado sobra la obra de Andersen; de nuevo entre los más célebres destacamos a Alexander Zemlinski y Arthur Honnegger ambos con música para Den lille Havfrue (La sirenita), y a Igor Stravinski con Nattergalen (El ruiseñor) como inspiración para la ópera Le rossignol. En fecha tan reciente como 1999, el sello discográfico dacapo lanzó un CD al mercado internacional en el que la Orquesta Sinfónica de Odense interpreta tres piezas sinfónicas basadas en textos de Andersen: Det er ganske vist (¡Es verdad!, 1943) de Finn Høffding, Det utroligste (Lo más increíble, 1997) de Sven Erik Werner, y Konen med æggene (La mujer de los huevos, 1998) de Fuzzy. La última composición danesa con un texto basado en la obra de Andersen es la ópera de cámara Den Lille Havfrue (La sirenita, 1999-2000) de Svend Hvidtfelt Nielsen, estrenada en la Ópera de Fionia el seis de mayo de 2000.
Sin embargo, el proyecto musical más notable de todos los tiempos es y será Symphonic Fairytales. Nunca antes se había hecho un esfuerzo de tal magnitud para poner en marcha un acontecimiento internacional conjunto en torno a la figura de Andersen; con su apoyo, tanto moral como económico, el Gobierno danés y el ministro de Cultura han mostrado su reconocimiento al enorme potencial y empuje del proyecto.
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